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Sobre mí


 
Arquitecta, Interiorista experta en color, Máster en Historia y Teoría de la Arquitectura y formadora de Diseño de Interiores en mi propio centro de formación y en diversos centros en Barcelona.

Rodeada de diseñadores y artistas en la familia he captado el mundo a través de la belleza.

Mi parte más reflexiva siempre se ha preguntado cómo la belleza alimenta nuestro estado de ánimo y mi parte más pedagógica se cuestiona la manera de transmitirlo con entusiasmo e inspiración.

Me apasiona la pedagogía y compartir mi conocimiento y experiencia profesional a apasionados por el interiorismo, tanto profesionales, estudiantes como amateurs.
 

Construcción de una identidad

 
La identidad o personalidad de cada uno se podría ver como un puzzle las piezas del cual son recuerdos o momentos que nos han marcado especialmente. Estos momentos son las piezas del mío, de mi identidad profesional ligada íntimamente con mi personalidad.
 
 
 

Momento número uno

 
Suenan los Beatles, huele a óleo, me embriaga, el suelo rasca mis pies y está lleno de manchas de pintura de todos los colores. Un gran lienzo se mancha poco a poco de pigmentos y aceite de linaza, se mancha con energía y va cobrando un sentido que no entiendo pero me fascina, -mi padre pintará así para siempre.- Al otro lado de la sala los muebles guardan un desorden dinámico, materiales de todo tipo bailan en el espacio: letras en Letraset, hilos, lanas, redes, piel, cuero -¡cómo huele la piel!-, cartulinas de colores, recortes de la mano de mi madre, siempre redondeados, suaves, dulces, tocarlo todo me alimenta los sentidos. Las manos de mi madre manipulan todo aquello con destreza y elegancia y me relaja y me da seguridad. -Más tarde sabré que mi madre trabaja con todo ello y se llama collage, ilustración, bolsos, sandalias. Y aún mucho más adelante entenderé que tiene un don muy poco frecuente, el don de crear belleza en todo aquello que manipule.
 
 
 

Momento número dos

 
Una tarde de otoño como otra cualquiera, en el corazón antiguo de mi queridísima Barcelona, he vuelto del colegio y como todas las tardes no voy a mi casa, me sumerjo en la tienda, me envuelve arte, antigüedades, infinitas curiosidades de otros tiempos, artesanía, objetos hechos con sabiduría ancestral, muebles, hierro, pergamino, madera, me envuelve el ambiente, el trajín de la tienda. No quiero hacer los deberes, prefiero escuchar lo que dicen todos estos objetos extraños, contemplar las pinturas de artistas lejanos, esconderme y observar los clientes como tocan todo aquello que yo ya he tocado mil o dos mil veces. Arriba está mi abuelo metido en sus diseños, dibuja a lápiz o tinta con el cartabón gigante y esa te de madera. Nos rodean cantidades infinitas de grafito, portaminas, lápices, plumas, tinta, papeles de gran tamaño, libretas, dibujos precisos, todos parecen estar impacientes por ser utilizados, me serena hablar con mi abuelo, sobretodo escucharlo, su pensamiento me inspira y sonrío. Contemplar su trabajo me despierta una gran curiosidad, su mirada contiene todos los secretos de un mundo estético que me es cercano y a la vez me fascina.
 
 
 

Momento número tres

 
Mi madre en la tienda, descubro el arte de la disposición. Inmersa en un estado de ensoñación admiro su naturalidad excepcional colocando, disponiendo cualquier objeto, este cobra mayor presencia y valor cuando ha sido colocado por mi madre. Un ramo de flores, cualquier elemento de la tienda. Me recorre unas cosquillas de bienestar cuando observo a mi madre envolviendo con seguridad un objeto vendido, le insufla belleza.
 
 
 

Momento número cuatro

 
Huele a cera de abejas, disolvente universal, Chilamon. Es mi primer trabajo, por limpiar y pulir este mueble viejo me darán un buen dinero. Lo limpio, lo lijo, lo pulo, hasta poderlo acariciar como si fuera una manzana, aprendo a hablar con él, y me pide, y yo le escucho. -De algunos me enamoro y pienso que algún día, si hay suerte, los podré tener más cerca, en mi casa... - Me gustará siempre dialogar con los objetos para poder recobrarles la vida, más adelante aprenderé a dialogar con los espacios. - Los toco, los miro, los huelo, y ellos me responden, escucho su historia y me parece una maravilla.
 
 
 

Momento número cinco

 
De todos esos momentos de clarísima conciencia me quedo con aquél en el que tuve la certidumbre de que tenía que buscar mi auténtica verdad, aunque eso me llevara toda la vida.
Llovizna en la Rambla de Catalunya, no hace frío pero ya se acabó el calor del verano, andamos unas cuantas amigas para ir no recuerdo donde, hablamos, reímos y atravesamos un semáforo y en ese preciso momento, la luz reflejada del verde del semáforo en las superficies húmedas de la ciudad me llena de una respuesta no preguntada: -La autenticidad, lo verdadero, búscalo.-
 
 
 

Momento número seis

 
No huelo a nada, solo a Incertidumbre, me pregunto qué estudiar. ¿Por qué hay que escoger entre tantas posibilidades? ¿Por qué no habrá una escuela que englobe todo aquello que me interesa: antropología, filosofía, pedagogía, arte, historia del arte, arquitectura...?
Charla con mi abuelo, descubro que su gran sueño fallido fue ser arquitecto, se le humedece la mirada, ve en mí una esperanza de cumplir su sueño. Acaricio la idea de agradecerle todo lo que me ha regalado y me matriculo en la Escuela de Arquitectura. Decisión absolutamente emocional, pero con sesgos racionales, pues pienso que como carrera generalista me ayudará a buscar mi verdad y completar mi formación personal.
 
 
 

Momento número siete

 
Los estudios en la universidad son como una gran búsqueda, un océano de noches en vela, amistad, amor, trabajo, sacrificio, satisfacciones, frustraciones, descubrimientos, decepciones, lágrimas, alegrías, fiestas... Cada trabajo es un diálogo con mis intereses, a veces sinceros, a veces puros trámites, a veces brillantes, a veces sorprendentes y valientes. En el último trabajo se puede escoger tema, necesito explorar algo nuevo elijo el proyecto de un parque urbano en Barcelona donde unos años más tarde Jean Nouvel propondrá el suyo.
El ejercicio surge efecto. Descubro un mundo de sensaciones, percepciones, un mundo velado en los otros ejercicios. La luz, el material orgánico está vivo, se rige por el ciclo vital. La gente, la ciudad, los automóviles: dos mundos que necesariamente se tiene que encontrar...Ejercicio amable y rotundo: Parque urbano en Diagonal con Pere IV.
 
 
 

Momento número ocho

 
Otro mundo para redescubrir: El espacio doméstico, la cocina, la herramienta, la gastronomía, los baños, el goce de los sentidos, la cultura del hedonismo, el mobiliario, el confort, el fetichismo.
Entro a trabajar para una empresa de interiorismo, durante cinco años descubro el cliente y sus necesidades, descubro la empresa y sus necesidades, descubro los trabajadores y sus necesidades. Descubro la importancia de la comunicación necesaria entre todos ellos y me veo envuelta en una vorágine: montaje de eventos, relación con la prensa, dirigir la primera página web, impartir técnicas de dibujo por ordenador, proyectos, clientes, reformas, ferias...
 
 
 

Momento número nueve

 
Me independizo, vuelvo a mi querido barrio antiguo de la ciudad, la humedad de mi propio despacho no diluye mi ilusión, espacio histórico para el comienzo de algo. Primeros encargos, reformas de viviendas, alguna tienda, asesoramiento por doquier, eventos...Diálogo con los espacios, mimos a esos espacios olvidados, desatendidos, diálogo con los clientes, interpretar sus necesidades más profundas, brindarles harmonía a sus espacios, coherencia y función y cuando se me permite poesía, cariño, la realización de algún que otro sueño... Hasta hoy.
 
 
 

Momento número diez

 
Mi primera clase, 15 alumnos, 30 ojos escuchándome. Ilusión. Comunicación. Sonrisas. El tercer día aplausos.
Saboreo el resultado de mi búsqueda y al mismo tiempo descubro que esto forma parte de mi propia verdad.
Trece años más tarde no habré dejado de aprender ni un día.
 
 
 

Momento número once

 
Huele a tinta china, a pincel y papel de arroz, la caligrafía y la pintura oriental requieren de movimientos zen igual que en mi práctica de taichí. Me encuentro inmersa en una búsqueda paralela a todas las demás, discontinua a lo largo de mi vida y que aparece como en ciclos: repleta de lecturas, filosofía y redescubrimientos. intuyo que es la más profunda y directa a mi verdad y a lo que siempre he sabido ignorándolo: La fenomenología, la cognición a través de la experiencia, la conciencia, la admiración por los detalles, la luz y la sombra, la certidumbre y la incertidumbre...