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Modernidad. ¿Buscada o encontrada?

29 agosto 2018

De cómo la modernidad se fue introduciendo poco a poco en los hogares barceloneses y con ella la comodidad. 1950-1970

No siempre se ha tenido en cuenta el factor de comodidad en el mantenimiento de los espacios domésticos. Es probable que esta búsqueda de la comodidad fuera de la mano de la introducción de la modernidad. Pero la modernidad, ¿se buscó o se encontró?

La tía Rosita me contó en una entrevista este mes de marzo que cuando uno no conoce la riqueza no sabe que es pobre. No se echa en falta nada porque no se sabe lo que hay.

La tía Rosita, con su actitud de resignación serena, acepta lo que tiene, o más bien lo que no tiene. A pesar de esto en 1961 se cambia por enésima vez de piso, siempre de alquiler y esta vez compra el piso de la calle Quevedo del barrio de Gracia (Barcelona) y se compra la nevera eléctrica, la lavadora, la fregona, la olla a presión y la tostadora. Porque ha ahorrado, porque desconfía de los créditos y de los pagos a plazos, -¡Solo compro cuando tengo! – y gestualiza fregando el dedo pulgar con el índice y el anular. En el caso de la tía Rosita la «modernización» se hace de golpe, en uno, dos años se pasa de cocinar con cocina económica, utilizar una nevera de hielo, no más alta de 60cm, lavar la ropa a mano y fregar el suelo de rodillas, a tener nevera eléctrica, lavadora automática y fregona. Los utensilios de la cocina ya no los guardará sobre estantes decorados con cortinitas sino que los esconderá en armarios de fórmica.

Después vendrá el televisor y dejará de ir a casa de los vecinos para ver Eurovisión.
La tía Rosita, de fuerte carácter, siempre recela de lo que viene del extranjero y a la réplica del vendedor: -¡Es que esto viene de fuera, viene de América! -Ella responderá- ¡Y qué! ¿¡No tienen nada de aquí!?-.
Respecto a la fregona, al principio piensa que no es un buen invento porque no llega a limpiar suficientemente bien todos los rincones. -Queda muchísimo mejor fregar de rodillas!- Piensa todavía.

Ya en el piso de Gracia se compra por fin una fregona y, aunque continúa al principio recelando, por fin reconoce que es mucho más cómodo fregar con ella. Descubre el valor de la comodidad, atributo que no se le había pasado por la cabeza hacer suyo hasta entonces.
Aunque durante el tiempo en que vivía en la calle Bisbe Caçador, cuando su cuñada alquilaba una lavadora, y antes de que volviera el dueño a recogerla, aprovechaba el tiempo restante para lavar ella la ropa de su familia, – ¡Ojo! – nos dice – ¡Solo lavaba, después se tenía que aclarar!- Rosita ya había descubierto que aquel invento era una maravilla, pero si no había dinero no se compraba y sin quejas.

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